Tres apuntes para una exposición herme(neu)tica

1.- Invitación.

A la entrada de la exposición se reparten unas octavillas en las que puede leerse: “esto ya se hizo antes”. Tiene que existir una primera octavilla en la que ponga: “esto no se hizo nunca antes” que deberá ser destruida antes de comenzar el reparto.

2.- La biblioteca de Babel

En el interior de una estructura de cimentación de 3 x 3 x 3 metros se coloca una serie de objetos altamente representativos. Imposible decir cuáles son. A continuación se vierte hormigón sobre todos ellos. El cubo resultante es el objeto herme(neu)tico que será objeto de exhibición.

El proceso se documenta por medio de fotografías Polaroid. Las fotografías se pegan unas contra otras, por la superficie que muestra una imagen, con adhesivo de cianocrilato y se cuelgan con hilo dental alrededor del cubo, a alturas variables.

3.- Explanada.

En una pantalla de vídeo se ve una habitación vacía, blanca. Aparece un ciego con gafas negras y un bastón blanco, se detiene, más o menos en el centro. Por el otro lado llega una mujer que se sitúa frente al ciego y comienza a explicar algo por medio del lenguaje de signos, algún tipo de texto sin sentido, un discurso político o la declaración de los Derechos Humanos o versículos de la Biblia, tanto da. El ciego permanece impasible. La mujer intenta llamar su atención por medio de pequeños golpes en el brazo. El ciego emite sonidos ininteligibles, murmura con fastidio, gruñe. La mujer vuelve a desarrollar su pantomima. Al cabo de un tiempo el ciego comienza a golpear rítmicamente el suelo con su bastón. La mujer se va. El ciego sigue golpeando el suelo. Fundido a blanco.

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Herme(neu)tica. La obra de arte en la época de su desaparición. Hacia una poética de la invisibilidad.

La herme(neu)tica propone una nueva forma de expresión basada en la imposibilidad de interpretación de los hechos artísticos, a modo de metáfora de la irracionalidad del mundo. Para ello, se esforzará en la creación de “imposibles semánticos” los cuales, por reflejo paradójico, habrán de expandir hasta el infinito los contenidos del acto. La herme(neu)tica se basa en la lógica de las piedras y de ellas saca su visión del tiempo, del espacio, y del lenguaje. Una piedra permanece inmutable a los ojos del hombre y, sin embargo, se expresa ilimitada en un lento lenguaje de potencialidades por descubrir. Todo el sentido late en su mudez a velocidad incomprensible, por eso suelen utilizarse como relojes de lo eterno. Mostrar el lenguaje de las piedras, su ética nueva y hermética, será el objetivo de esta nueva forma de expresión. No busca el sentido, no da explicaciones, no propone pistas, no tiene un lenguaje propio ni se expresa por un medio concreto. La herme(neu)tica puede ser música, pintura, escritura, acción o nada de los anteriores. La herme(neu)tica es Nijinsky sentado en una silla ante un público atónito. O, mejor aún, la herme(neu)tica es lo que la silla dijo a Nijinsky: todo está ahí, pero nunca lo sabremos. De esa ignorancia nace la única posibilidad de sentido actual.

El sentido del arte no está en la obra, no está en la intención, no está, desde luego, en el ojo ignorante del espectador, que ya no merece ni ser apuñalado. El sentido late en el espacio, lento como el tiempo cósmico. Flota inaprensible entre la mirada y el tiempo de su génesis. Y nadie lo entiende. El arte es interpretación, valga decir, error. El artista es un crítico condicionado por los calambrazos del hambre. Todo es necesidad o sea, estupidez. La obra no conoce su espacio previo ni puede hablarnos de su tiempo futuro. A todos los efectos, una obra de arte tiene tanta capacidad expresiva como un perro, que no sabe lo que significa miércoles. Y por obra de arte entendemos cualquier intento humano por explicar su carencia absoluta de sentido. Filosofía, danza, arquitectura, cine, economía, todos nacen condenados a la interpretación. Y la interpretación es el vicio vegetal de las enredaderas, que acaba estrangulando el sentido. La herme(neu)tica busca el sentido mineral del silicio, la velocidad digital del relámpago, la intuición de los matemáticos muertos. La herme(neu)tica transcurre de espaldas a la realidad, al maldito público, al sentido único de las carreteras circulares porque sabe que sólo en la ignorancia cobra dignidad la miserable condición humana. Porque la única estela que dejamos es la estela funeraria.

Cometí el primer acto herme(neu)tico en la Pinakothek der Moderne, de Munich, a finales de diciembre de 2007. Entré en los aseos portando una mochila que contenía los siguientes elementos: una navaja de afeitar con el mango de nácar, comprada a un judío alcohólico en el Rastro de Madrid varios años antes; una petaca de alpaca, labrada con el logotipo de una marca de jamones, que contenía un cuarto de litro de una bebida alcohólica; un pincel hecho con mechones de pelo de mi primera esposa; una cámara fotográfica; un bote de cristal lleno de insectos muertos; un mechero; una jeringuilla; un puñado de clavos; un rollo de vendas; varios paños de limpieza; una fotografía de Joseph Beuys y otra de Cecilia Bartoli, arrancadas de revistas; una página de “Los cornudos del arte moderno”, de Dalí; un bote de pintura negra, otro de pintura roja y el estado de ánimo propio del acto que iba a realizar.

Permanecí encerrado en el cubículo durante una hora, perpetrando el acto inaugural del movimiento herme(neu)tico. Cuando salí de allí en el retrete todo seguía igual que antes de que yo entrara. Pero todo había cambiado.