Punto de vista

Un hombre se levanta muy temprano en la gran ciudad. Ha dormido junto a una boca de metro, entre cartones y abrigos viejos. No está loco, no está borracho, es importante saber esto: es un hombre más, que duerme junto a una boca de metro, al pie de imponentes rascacielos. Estira los brazos, mira a su alrededor: los bloques de hormigón, cristal y acero frente a él, el parque inmenso a sus espaldas, el cielo gris sobre toda la ciudad.

Camina unos cuantos metros hasta la acera y se sitúa frente a la entrada de uno de los edificios. No es el más alto, ni el más espectacular, es importante saber esto: se trata tan sólo de otro edificio de oficinas, uno de tantos.

El hombre alza la cabeza y la voz, y grita con todas sus fuerzas: ¡No pienso dejaros entrar!

Desde mi ventana, sentado ante el ordenador, lo veo todas las mañanas, mientras mi mundo se hace cada vez más pequeño.