El nacimiento de la comedia

(Olimpo. Interior eternidad. Hablan Zeus y Hera, sobradamente conocidos)

– ¡Oh, Zeus! ¿Qué era todo ese estrépito?

– No te inquietes, Hera. Se trataba tan sólo de un personaje muy airado, un tal Prometeo, que quería llevarse el fuego de los dioses.

– ¿Y tú que has hecho? ¿Lo has fulminado con un rayo?

– ¿Fulminarlo? Qué va. Se lo he dado.

– No lo entiendo ¿Por qué has hecho tal cosa?

– Porque me ha asegurado que lo quería para dárselo a los hombres.

– Cada vez entiendo menos ¡Oh, Zeus! ¿Dices que le has dado a Prometeo el fuego de los dioses para que se lo dé a los hombres? ¿Acaso has perdido el juicio?

– Más respeto, Hera ¿Has perdido tú acaso la confianza en Zeus? ¿Acaso has olvidado quién soy yo? En efecto, le he dado a Prometeo el fuego de los dioses… pero no el verdadero.

(Zeus estalla en una tremenda carcajada. Ríe y ríe de forma incontenible. En la Tierra, los ingenuos hombres celebran su victoria, inventan el platonismo, la religión monoteísta, la Edad Media, la monarquía absolutista, la Revolución Industrial, las listas de libros más vendidos, la destrucción mutua asegurada, la democracia capitalista, las grasas saturadas, los programas de telerrealidad, la crisis económica… mientras Zeus no puede parar de reír)