Onán

Yérguete en el espacio en que te formo;
mano dura que acarrea placeres por rincones vacíos
de callejas oscuras, míseras esquinas,
donde las prostitutas acechan los fallos
de mi mala memoria.

Álzate en el río de blanca sangre que pugna
por negar la vida que lo impulsa,
por no ser semilla de maldad reproducida.

Tiembla.
en el miedo oblicuo de tu sonrisa,
en el terciopelo rojo que cubre tu mirada,
en el espasmo de tu aliento que me llama,
en el latido interrumpido, repleto de recuerdos.

Y duerme. Duerme, por favor, duerme.
no me busques más con tu presencia,
ignora la razón que nos impulsa
a forjar estos sueños de muerte
que de mi mano no borran la huella.

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