España

España huele a la alpargata quemada de Unamuno
España huele a los pedos flojos de Aleixandre encerrado en Wellingtonia
España huele a las bragas húmedas de doña Emilia Pardo Bazán
que se las cambiaba poco
y al vientre desatado de Federico, a su último amanecer en Víznar
¡Asesinado por el cielo!
España huele al cocido rancio de Galdós
a la caspa en la boina sebosa de Pío Baroja
y a la entrepierna de Cela
asediada por las moscas.

España huele a cebolla en los sobacos de Alberti
a la cebolla tuberculosa de los pulmones de Hernández
a mierda de vaca
a cerdo muerto
a corral abandonado
a escupitajo a traición.

España huele siempre a rancio bajo el agua de colonia
en los sobacos de Lucía Etxebarría
al coño de Almudena Grandes
a la saliva de Elvira Lindo sobre el bigote de Muñoz Molina
al amoniaco de los ochenta
que pasó mezclado con toneladas de cocaína
por las narices más leídas del país.

España huele a rabia,
a mala baba,
a envidia
España huele a guerra eterna
a ignorancia atrevida
a escuela de curas
a mano ajena en la ingle ajada del tiempo

Ay, España cómo huele.
Ay, que me huele España.

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