Micromuertes. 2

Soy el mejor funambulista de la historia. Y lo soy porque desde que comencé a sentir la atracción por el vacío decidí que la pértiga y el cable eran lo único que sobraba en mi arte. Por ello comencé a estudiar física, con el fin de dominar todos los secretos de la suspensión en el espacio. Conforme avanzaba en mis estudios mi arte se perfeccionaba y sabía que si lograba desentrañar los secretos más profundos de la materia conseguiría ser una sola cosa con ella y que flotar en el aire, atravesar el vacío ante los ojos asombrados de las multitudes, gracias al único esfuerzo de mi voluntad, era un logro a mi alcance que me convertiría en un dios entre los hombres.

Y por fin lo logré. Hice las primeras pruebas en medio de un bosque solitario, caminando sobre el suelo a poca altura, apenas medio metro, siguiendo la ancestral costumbre de mi profesión. Todo iba a la perfección: flotaba sobre el aire gracias a mi voluntad superior y a mi dominio de los secretos de la materia y las fuerzas del cosmos.

Pero el día de mi estreno ante el mundo descubrí que el también el suelo tiene ideas propias y que, como una amante olvidada, su atracción es mayor cuanto más te alejas de él.