Sorelia

Para Susa

La primera impresión que ofrece la Sorelia al observador poco avispado es la de un arbusto vivaz, que crece aturullado y disperso, cuyas lindas florecillas ofrecen un espontáneo solaz a la vista, aunque no atraen la atención más allá de unos segundos. Craso error. Estos observadores, que tal vez no hayan visitado jamás las hojas de un tratado de botánica, están despreciando, sin saberlo, uno de los especímenes más sorprendentes que se puedan encontrar en el mundo vegetal.

Y al decir “vegetal” nos quedamos cortos, puesto que es probable que nuestros lectores conozcan una de las propiedades más fascinantes de la Sorelia: la capacidad de alimentar a sus retoños, que le ha valido el sobrenombre de “planta lactante” o, incluso, “el vegetal mamífero”, por parte de algunas publicaciones especializadas con cierta tendencia al sensacionalismo. Se han realizado numerosas investigaciones tendentes a demostrar la existencia de un parentesco taxonómico con las denominadas “piedras lactantes” que son, recordémoslo, la Orfanita, la Vampirita y la Fellatina, pero dichas investigaciones, como era de esperar, no han arrojado ningún resultado concluyente.

La Sorelia es, sin duda ninguna, un fascinante ejemplar del reino vegetal, descrita como “planta vivaz, genealógica, nutricia, simbiótica, rizomática y progénica” (Grinlif, 2974). Los primeros ejemplares descritos fueron encontrados en los prodigiosos bosques hallados bajo la superficie de Venus, auténtico tesoro botánico que aún guarda muchos secretos, y su adaptación a las cambiantes condiciones de los diversos planetas por los que se ha extendido la especie humana fue rápida y sorprendentemente fácil, incluyendo los bosques reconstituidos de la madre Tierra.

Las Sorelias, si bien crecen dispersas, como ya hemos dicho, forman en ocasiones pequeños núcleos cohesionados, formados por un número variable de elementos, en los que siempre existe al menos una planta originaria y una cierta cantidad de lo que se ha dado en llamar “vástagos”, puesto que crecen directamente a partir del tallo de una planta mayor. Junto a esta planta mayor suele aparecer una de otra especie, unida inextricablemente al grupo y cuya relación con el mismo todavía permanece sumida en sombras.

Lo primero que comprobaron los descubridores de las Sorelias fue la imposibilidad de separar los elementos que componían cada una de estas cepas, por lo que su exportación siempre se ha producido en grupos. En efecto, ningún material cortante pudo separar los intrincados lazos vegetales que unen entre sí a los miembros de una cepa de Sorelia, y cuando se logró por otros medios (químicos, sobre todo) se observó que la planta mayor se marchitaba a gran velocidad.

En estos grupos se observó el fenómeno de la “lactancia” de las Sorelias al que ya hemos hecho referencia y que consiste, en palabras que puedan ser comprendidas por cualquier profano, en la destilación de savia desde la planta original hasta los vástagos, los cuales desarrollan durante este proceso los lazos vegetales mencionados más arriba. Junto a este proceso algunos botánicos comentan una serie de fenómenos altamente perturbadores, como el llamado “llanto de los vástagos”, pero como dichas observaciones no poseen una sólida base experimental, preferimos no hacer aquí más comentarios.

No podemos dejar de mencionar, sin embargo, algunas de las propiedades que la Sorelia tiene para los seres humanos, entre las muchas que, sin duda, aún están por descubrir. Mencionábamos al comienzo de esta nota que “sus lindas florecillas ofrecen un espontáneo solaz a la vista” pero se ha comprobado que una contemplación más atenta de sus flores desencadena una extraordinaria sucesión de fenómenos emocionales en el espectador que van desde el recuerdo de olores olvidados hasta la capacidad de rastrear el mapa genómico interior remontándose hasta seis generaciones.

Pero, sin duda, la mayor virtud de la Sorelia y, a la vez, su característica más peligrosa, procede de las propiedades de su savia nutricia, cuando es consumida por humanos y, en concreto, de entre los muchos efectos descritos por los investigadores, de esa cualidad que se produce en el 100% de sus consumidores: la capacidad de ver sucesos futuros relacionados con la propia vida o la de familiares cercanos; sucesos que, hasta el presente, siempre se han cumplido. Esta propiedad es la responsable de que el cultivo de Sorelias esté fuertemente regulado por las corporaciones gubernativas y que su consumo sea perseguido en varios planetas, habiendo sido clasificada en alguno de ellos como “tóxica”.

La Sorelia se separa espontáneamente de sus vástagos cuando alguno de estos desarrolla nuevos descendientes, si bien el nuevo núcleo no se aleja demasiado del originario. En este caso, a la Sorelia original le brotan unas delicadas espinas de las que, en ocasiones, caen unas gotas de un líquido que es del color del rocío.

Quienes lo han probado aseguran que sabe a recuerdos felices.

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Brotheria

Para Rafa.

Catalogada por sus descubridores como “heterogénea, azarosa, cismática y polimorfa”, la Brotheria es una planta perenne cuyos primeros ejemplares fueron descubiertos en Encélado, durante lo que se conoció como “La Semana de la Gran Incertidumbre”, aquel tenso período en el que los primeros humanos que acabarían habitando planetas extrasolares tuvieron que enfrentarse a lo que hoy conocemos como “la angustia del salto”.

En el cuaderno de bitácora del comandante Leafar se encuentra reflejado el descubrimiento de la Brotheria: “esta noche, mientras meditaba en los jardines de mi residencia oficial, acuciado por los signos que me avisan de un inminente amotinamiento, he encontrado unas extrañas plantas que crecían entre las raíces aéreas de unos árboles que no conocía. Las plantas que han llamado mi atención crecen en grupos de dos, tres o más ejemplares, pero nunca solas. Todas son diferentes entre sí, pero los miembros de cada grupo guardan entre ellos un cierto “aire de familia” que no sabría definir. He recogido varios ejemplares y los he hecho examinar por los científicos del grupo. La sorprendente revelación es que, a nivel molecular, todas las plantas son idénticas entre sí, por lo que no cabe duda de que nos encontramos ante miembros de una misma especie. He decidido llamarla Brotheria”.

El resto es historia. El descubrimiento accidental de las propiedades fraternales de la Brotheria, por un error de la esposa del comandante Leafar al preparar la cena y la decisión, casi desesperada, del comandante, de suministrar dosis masivas de un cocimiento preparado con Brotheria a todos los miembros de la expedición. A los pocos días de estos hechos, la expedición, rebautizada por sus miembros como “hermandad” partió más allá del sistema solar, unidos sus miembros por los lazos que Brotheria crea entre los que la ingieren: lazos cuya fortaleza decrece en razón de la distancia a la que estuvieran los diferentes grupos de plantas. Así, se descubrió que los que bebían la infusión de plantas crecidas en un mismo grupo desarrollaron una serie de vínculos empáticos entre ellos más fuertes, prácticamente indestructibles, que los que sentían hacia aquellos que habían bebido la infusión procedente de un grupo distinto de plantas. Sin embargo, entre todos ellos surgió un sentimiento de comunidad que permitió el éxito de la expedición y la fundación de la primera colonia extrasolar de la historia de la humanidad: Fraternalia, gobernada con afabilidad por Leafar I y sus compañeros más próximos (aquellos que habían bebido la misma infusión que él) y por los descendientes de estos, durante largas generaciones. El lema de su campaña, que con el tiempo se convirtió en blasón familiar, fue: Brotheria o caos.

Investigaciones posteriores han descubierto nuevas características y propiedades de esta planta. Al parecer, necesita muy pocos cuidados siempre y cuando se mantenga cerca de los ejemplares nacidos de la misma raíz, pero sus propiedades se debilitan si son separados. Si la distancia entre los congéneres es muy grande, producen flores escindidas, cada una de las cuales es una exacta fracción de una flor mayor. Si se juntan estas flores se obtiene una nueva planta cuyo fruto produce gran alegría a los que lo comen.

Sin embargo es difícil distinguir las Brotherias en estado salvaje. El observador deberá estar atento a los pequeños grupos de plantas que surgen espontáneamente a partir de raíces de árboles y comprobar si poseen las raíces, o parte de ellas, en común. Su aspecto tan diverso puede inducir a error y, si bien las propiedades empáticas están presentes en todos los miembros de la especie, no hay que olvidar que el sabor de sus frutos puede variar de delicioso a repugnante, en función de circunstancias que aún no han sido determinadas.

Jamás se ha encontrado un ejemplar de Brotheria que creciera aislado en estado natural. Se han referido casos de plantas que podrían pertenecer a esta especie y que, aisladas, presentaban un aspecto lamentable. Circunspectas, con las hojas amarillentas, los tallos combados y los frutos resecos, la flor de estas supuestas “Brotherias solitarias” se marchita, pero no muere. La hipótesis más extendida es que se trata de auténticas Brotherias que, por alguna razón, han perdido el contacto con sus congéneres de forma accidental.

De estas plantas se extrae un jugo que produce nostalgia.