Pi 100

Tres personas, catorce dioses, quince mentiras; nueve injusticias cometidas dos veces, seis zapatos para recorrer cincuenta y tres leguas en cinco días.

Ocho meses, nueve niñas; siete meses, nueve niños. Tres madres parieron dos veces tres hijos. Tenían ochenta y cuatro años entre los seis padres. Era tiempo de prodigios.

Dos mensajeros aprendieron las sesenta y cuatro líneas de la Ley y partieron en tres direcciones diferentes. Treinta y ocho sabios habían redactado el documento, treinta y dos sacerdotisas lo corrigieron; siete prostitutas lo borraron por completo y encargaron un nuevo texto a nueve asesinos.

Cincuenta meses después los dos mensajeros se habían perdido ocho veces en los ocho desiertos que rodeaban su país de origen. Cuatro palomas fueron enviadas en falso auxilio por una vieja alcahueta, madre de nueve sacerdotes, siete reyes y un dios, el último del reino.

Seis gestos simultáneos aparecieron sobre el rostro de los nueve niños, tres palabras homicidas brotaron a la vez de los labios de las nueve niñas. Tres veces murieron los mensajeros, siete las palomas. Tras cinco resurrecciones solo quedaba uno vivo. Tal vez ninguno.

La alcahueta se arrancó cinco veces los ojos y le crecieron ocho. Vio a los dos mensajeros perdidos (tal vez ninguno) rezando en medio del desierto, pidiendo ayuda a los nueve sacerdotes y a los siete reyes. Los maldijo cuatro veces y envió nueve asesinos al desierto, todos hijos suyos, para que les arrancaran cuatro veces los cuatro miembros.

Cinco veces mataron los nueve asesinos a los dos mensajeros, pero al cabo de treinta días renacieron siete. Mataron a ocho, por lo que aún quedó uno vivo, uno que recordaba todavía las sesenta y cuatro líneas de la Ley.

De la sangre de nadie brotaron seis ríos en el desierto y crecieron dos mares en el cielo. Ocho bosques murieron seis veces y ardieron durante dos años bajo la arena. Nadie murió, pero al cabo de ocho meses, la vieja alcahueta parió noventa y nueve criaturas monstruosas.

Devoró a ocho de los sacerdotes y a seis de los reyes. Multiplicó por dos al único dios que quedaba vivo y dibujó, truncado, un ocho acostado sobre sus frentes, de tal modo que ambos tenían un cero durmiendo sobre sus ojos. Las tres palabras homicidas que habían brotado de los labios de las niñas cayeron cuatro veces sobre el ocho dormido y los dos dioses locos devoraron los cinco corazones de la vieja.

Treinta y cuatro años después de estos hechos, los dos mensajeros regresaron al punto de partida. Encontraron el esqueleto de la vieja dormido sobre los restos de un dios. Dijeron en voz alta las siete primeras palabras de la Ley y no sucedió nada. Repitieron seis veces el texto completo y se produjeron siete temblores de tierra que arrasaron el reino hasta los cimientos.

De las ruinas surgieron nueve asesinos, vestidos de dioses. Números.