Cortázar, por ejemplo

Hoy, no importa qué día sea, se celebra un aniversario Cortázar. Porque seguro que tal día como hoy, da igual la fecha, se produjo hace quince, treinta o veintisiete años, un hecho memorable en la vida de Cortázar. Un hecho memorable que podría ser la primera vez que Julio contempló una avutarda en directo o la conmemoración del día en que decidió dejar de utilizar la palabra “iconoclasta” por escrito o la celebración del cuadragésimo aniversario del día en que escuchó por quincuagésima séptima vez cierta grabación de Charlie Parker. Un aniversario, sea cual sea el acontecimiento y sin que importe la fecha de hoy, que merecería ser recordado por la legión de devotos seguidores del autor de Rayuela, algunos de los cuales -incluso- habrán leído más de un libro suyo, porque Cortázar sabía que el misterio estaba en las pequeñas cosas, acechando oscuro y peludo, que todos los números podían ser mágicos si se les daba la ocasión y que cualquier momento de la vida, sobre todo aquellos que pasaban fugaces y desapercibidos para la mayoría de los mortales, merecía una celebración. Sin duda ahora mismo se cumple un aniversario exacto -por ejemplo-, medido en años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos, del momento en el que Cortázar llevó a cabo una de sus invenciones más celebradas. El día en que se reinventó a sí mismo y decidió convertirse en musa de lo más divino de la izquierda parisina, viviendo un otoño recauchutado de patriarca de Montparnasse, escondido tras una nube de tabaco negro como el oráculo de una revolución que, ya entonces, estaba destinada a convertirse en atracción turística para burgueses de visa dorada y coartada intelectual de pensamiento débil. Cortázar fue un gran escritor (la mayoría de las veces) a pesar de cualquier militancia y, probablemente, tan grande y tan pequeño, tan débil y tan fuerte, tan admirable y mezquino como cualquiera podemos llegar a serlo en cualquier momento.

Lo cual demuestra, una vez más, que el ser humano -Cortázar incluido- es, con toda probabilidad, una creación de Borges.

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