Punto de vista

Un hombre se levanta muy temprano en la gran ciudad. Ha dormido junto a una boca de metro, entre cartones y abrigos viejos. No está loco, no está borracho, es importante saber esto: es un hombre más, que duerme junto a una boca de metro, al pie de imponentes rascacielos. Estira los brazos, mira a su alrededor: los bloques de hormigón, cristal y acero frente a él, el parque inmenso a sus espaldas, el cielo gris sobre toda la ciudad.

Camina unos cuantos metros hasta la acera y se sitúa frente a la entrada de uno de los edificios. No es el más alto, ni el más espectacular, es importante saber esto: se trata tan sólo de otro edificio de oficinas, uno de tantos.

El hombre alza la cabeza y la voz, y grita con todas sus fuerzas: ¡No pienso dejaros entrar!

Desde mi ventana, sentado ante el ordenador, lo veo todas las mañanas, mientras mi mundo se hace cada vez más pequeño.

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Micromuertes. 2

Soy el mejor funambulista de la historia. Y lo soy porque desde que comencé a sentir la atracción por el vacío decidí que la pértiga y el cable eran lo único que sobraba en mi arte. Por ello comencé a estudiar física, con el fin de dominar todos los secretos de la suspensión en el espacio. Conforme avanzaba en mis estudios mi arte se perfeccionaba y sabía que si lograba desentrañar los secretos más profundos de la materia conseguiría ser una sola cosa con ella y que flotar en el aire, atravesar el vacío ante los ojos asombrados de las multitudes, gracias al único esfuerzo de mi voluntad, era un logro a mi alcance que me convertiría en un dios entre los hombres.

Y por fin lo logré. Hice las primeras pruebas en medio de un bosque solitario, caminando sobre el suelo a poca altura, apenas medio metro, siguiendo la ancestral costumbre de mi profesión. Todo iba a la perfección: flotaba sobre el aire gracias a mi voluntad superior y a mi dominio de los secretos de la materia y las fuerzas del cosmos.

Pero el día de mi estreno ante el mundo descubrí que el también el suelo tiene ideas propias y que, como una amante olvidada, su atracción es mayor cuanto más te alejas de él.

Tres apuntes para una exposición herme(neu)tica

1.- Invitación.

A la entrada de la exposición se reparten unas octavillas en las que puede leerse: “esto ya se hizo antes”. Tiene que existir una primera octavilla en la que ponga: “esto no se hizo nunca antes” que deberá ser destruida antes de comenzar el reparto.

2.- La biblioteca de Babel

En el interior de una estructura de cimentación de 3 x 3 x 3 metros se coloca una serie de objetos altamente representativos. Imposible decir cuáles son. A continuación se vierte hormigón sobre todos ellos. El cubo resultante es el objeto herme(neu)tico que será objeto de exhibición.

El proceso se documenta por medio de fotografías Polaroid. Las fotografías se pegan unas contra otras, por la superficie que muestra una imagen, con adhesivo de cianocrilato y se cuelgan con hilo dental alrededor del cubo, a alturas variables.

3.- Explanada.

En una pantalla de vídeo se ve una habitación vacía, blanca. Aparece un ciego con gafas negras y un bastón blanco, se detiene, más o menos en el centro. Por el otro lado llega una mujer que se sitúa frente al ciego y comienza a explicar algo por medio del lenguaje de signos, algún tipo de texto sin sentido, un discurso político o la declaración de los Derechos Humanos o versículos de la Biblia, tanto da. El ciego permanece impasible. La mujer intenta llamar su atención por medio de pequeños golpes en el brazo. El ciego emite sonidos ininteligibles, murmura con fastidio, gruñe. La mujer vuelve a desarrollar su pantomima. Al cabo de un tiempo el ciego comienza a golpear rítmicamente el suelo con su bastón. La mujer se va. El ciego sigue golpeando el suelo. Fundido a blanco.

Herme(neu)tica. La obra de arte en la época de su desaparición. Hacia una poética de la invisibilidad.

La herme(neu)tica propone una nueva forma de expresión basada en la imposibilidad de interpretación de los hechos artísticos, a modo de metáfora de la irracionalidad del mundo. Para ello, se esforzará en la creación de “imposibles semánticos” los cuales, por reflejo paradójico, habrán de expandir hasta el infinito los contenidos del acto. La herme(neu)tica se basa en la lógica de las piedras y de ellas saca su visión del tiempo, del espacio, y del lenguaje. Una piedra permanece inmutable a los ojos del hombre y, sin embargo, se expresa ilimitada en un lento lenguaje de potencialidades por descubrir. Todo el sentido late en su mudez a velocidad incomprensible, por eso suelen utilizarse como relojes de lo eterno. Mostrar el lenguaje de las piedras, su ética nueva y hermética, será el objetivo de esta nueva forma de expresión. No busca el sentido, no da explicaciones, no propone pistas, no tiene un lenguaje propio ni se expresa por un medio concreto. La herme(neu)tica puede ser música, pintura, escritura, acción o nada de los anteriores. La herme(neu)tica es Nijinsky sentado en una silla ante un público atónito. O, mejor aún, la herme(neu)tica es lo que la silla dijo a Nijinsky: todo está ahí, pero nunca lo sabremos. De esa ignorancia nace la única posibilidad de sentido actual.

El sentido del arte no está en la obra, no está en la intención, no está, desde luego, en el ojo ignorante del espectador, que ya no merece ni ser apuñalado. El sentido late en el espacio, lento como el tiempo cósmico. Flota inaprensible entre la mirada y el tiempo de su génesis. Y nadie lo entiende. El arte es interpretación, valga decir, error. El artista es un crítico condicionado por los calambrazos del hambre. Todo es necesidad o sea, estupidez. La obra no conoce su espacio previo ni puede hablarnos de su tiempo futuro. A todos los efectos, una obra de arte tiene tanta capacidad expresiva como un perro, que no sabe lo que significa miércoles. Y por obra de arte entendemos cualquier intento humano por explicar su carencia absoluta de sentido. Filosofía, danza, arquitectura, cine, economía, todos nacen condenados a la interpretación. Y la interpretación es el vicio vegetal de las enredaderas, que acaba estrangulando el sentido. La herme(neu)tica busca el sentido mineral del silicio, la velocidad digital del relámpago, la intuición de los matemáticos muertos. La herme(neu)tica transcurre de espaldas a la realidad, al maldito público, al sentido único de las carreteras circulares porque sabe que sólo en la ignorancia cobra dignidad la miserable condición humana. Porque la única estela que dejamos es la estela funeraria.

Cometí el primer acto herme(neu)tico en la Pinakothek der Moderne, de Munich, a finales de diciembre de 2007. Entré en los aseos portando una mochila que contenía los siguientes elementos: una navaja de afeitar con el mango de nácar, comprada a un judío alcohólico en el Rastro de Madrid varios años antes; una petaca de alpaca, labrada con el logotipo de una marca de jamones, que contenía un cuarto de litro de una bebida alcohólica; un pincel hecho con mechones de pelo de mi primera esposa; una cámara fotográfica; un bote de cristal lleno de insectos muertos; un mechero; una jeringuilla; un puñado de clavos; un rollo de vendas; varios paños de limpieza; una fotografía de Joseph Beuys y otra de Cecilia Bartoli, arrancadas de revistas; una página de “Los cornudos del arte moderno”, de Dalí; un bote de pintura negra, otro de pintura roja y el estado de ánimo propio del acto que iba a realizar.

Permanecí encerrado en el cubículo durante una hora, perpetrando el acto inaugural del movimiento herme(neu)tico. Cuando salí de allí en el retrete todo seguía igual que antes de que yo entrara. Pero todo había cambiado.

Nixon en Alcatraz

En la isla de Alcatraz, famosa jaula de antaño, las gaviotas amenazan con convertirse en una plaga, anidando por doquier e impidiendo que otras aves establezcan sus nidos en ese entorno.

Para controlar la proliferación excesiva de gaviotas, diversos grupos de voluntarios estudiosos de las aves, se dedican a trasladar los nidos de gaviotas intentando reducir su área de nidificación, manteniéndolas en una sola zona de la isla y, en algunos casos, destruyéndolos.

Pero sucede que las gaviotas se toman muy a mal que alguien manipule sus nidos y acostumbran a defenderse lanzando sus excrementos desde el aire sobre la cabeza de quien lo hace. Además, se descubrió que las gaviotas recuerdan el rostro de las personas que atacaron sus nidos y que las atacaban de nuevo cada vez que aparecían por la isla. Algunas personas tuvieron que dejar de trabajar en Alcatraz porque se veían cubiertas una y otra vez por excrementos de gaviotas rencorosas.

Así que los voluntarios decidieron cubrir su rostro cada vez que tenían que manipular los nidos de gaviota y para ello usaron máscaras con la cara del expresidente Nixon.

El resto de la historia así como las diversas moralejas son tan fáciles de imaginar por un lector inteligente que sobran las explicaciones. Nos alejamos en el barco turístico que cada día vomita cinco mil visitantes sobre la antigua isla presidio dejando atrás una lucha constante entre aves rencorosas y el rostro de un gobernante muerto, acaso el origen de algún mito futuro.

The sound of music

Entonces -dijo el profesor Spinach- supongamos que usted tiene aquí, en su mano derecha, una aguja de calcetar que ha sido cuidadosamente afilada con el fin de convertirla en el objeto más punzante que existe. Un objeto que podría ser comparable a la vibración que experimentan las moléculas de una copa de cristal de Bohemia antes de darse a la fuga sometidas al influjo de un sobreagudo de la Callas, dejando tras de sí el rastro fragmentario de una escala hecha añicos.

De acuerdo profesor -respondió la señorita Phyllis-, podemos suponerlo, si usted quiere. Pero aún podemos hacer algo mejor: podemos hacer que sea así en efecto. Mi prometido, el capitán Milton, aquí presente, me trajo ayer ese objeto del que usted habla. Vea que aquí, en mi mano derecha, vibra esa aguja tan afilada. Pero déjeme que ponga música, por favor.

Era algo de La Monte Young o tal vez de Steve Reich. La señorita Phyllis comenzó a desnudarse lentamente mientras el profesor recitaba unos versos de Wallace Stevens, repitiéndolos una y otra vez.

The trees have a look as if they bore sad names
And kept saying over and over one same, same thing.

Es obvio que el asesinato puede ser un arte y que, más a menudo, el arte constituye la forma más religiosa de crimen. La música seguía sonando mientras el hielo se deshacía en mi vaso, lleno del néctar ambarino. Tal vez fuera algo de Terry Riley, aunque sonaba a cristal.

Lo cierto es que mientras la aguja se clavaba en los ojos del profesor Spinach, éste no cesaba de repetir los dos versos de Stevens. La sangre salpicaba el collar de brillantes de mi prometida al igual que el resto de su cuerpo desnudo, mientras su brazo se alzaba y descendía rítmicamente, incansable, como el brazo ejecutor de una promesa fabricada en serie. La promesa de un mundo mejor, siempre mejor, donde poder asesinar, una y otra vez, a los viejos que aparentan llevar nombres aburridos, como Beethoven o Mahler.

Recuerdos de infancia

Cierta mañana una noticia se extendió por todo el Claustro: las Monjas Fumadoras habían creado un dios en el sótano de la Central. Se decía –porque todo eran rumores- que era un dios pequeño, vaporoso, prácticamente incapaz, y que las Pupilas Avanzadas habían tenido mucho que ver en todo el asunto. No nos pareció interesante ir a verlo, recuerdo que aquella mañana nos tocaba iniciarnos en el Consumo.

Los tres Pilares de la Fe eran: Consumo, Fornicación y Violencia. Todo estaba ahí. Recuerdo cómo la Hermana Theresa, tras salir de una Violación Ritual, sudorosa y ensangrentada, todavía bajo los efectos del Éxtasis, nos explicó que los Pilares de la Fe mantenían el Claustro unido y a los hombres alejados.

Hormigón y madera. Cuerda y cristal. Acero y seda. Recuerdo el sabor de todos ellos. El tiempo no era un lugar para quedarse. El fuego era mucho más duradero.

A veces tomaba testosterona. Todas lo hacíamos a escondidas. Nos gustaba sentirnos como si fuéramos un hombre: la violenta tensión agazapada bajo cada poro de la piel, la energía asesina capaz de transformar universos. Pero nadie quería ser un hombre durante demasiado tiempo seguido. Sería una locura.

Con el tiempo la mayoría de nosotras abandonó el Claustro. Me pregunto qué habrá sido de aquel dios. A veces me lo imagino en el sótano, atado por la Palabra, incapaz de crecer o morir. No siento ninguna lástima.

Chomsky


El anarquismo me atrajo desde que era un joven adolescente, apenas empecé a pensar sobre el mundo más allá de límites bastante estrechos, y desde entonces no he hallado mayores razones para revisar esas actitudes tempranas. Pienso que sólo tiene sentido buscar e identificar estructuras de autoridad, jerarquía, y dominación en todos los aspectos de la vida, y desafiarlas. A menos que hubiera justificación para ellas, son ilegítimas, y deben desmantelarse para incrementar el alcance de la libertad humana. Eso incluye el poder político, propiedad y dirección, las relaciones entre hombres y mujeres, padres y niños, nuestro control sobre el destino de generaciones futuras (el imperativo moral básico subyacente al movimiento medioambiental, en mi opinión), y mucho más. Naturalmente esto significa un desafío de coerción y control de las grandes instituciones: el estado, las inexplicables tiranías privadas que controlan la mayor parte de la economía doméstica e internacional, y así sucesivamente. Pero no sólo esto. Lo que yo siempre he entendido como esencia del anarquismo es la convicción de que se debe plantear a la autoridad una prueba de asunción de responsabilidad, y que ésta (la autoridad) debe desmantelarse si no puede lograr esa asunción de responsabilidad. A veces se puede lograr la asunción de responsabilidad. Si estoy paseando con mis nietos y ellos se lanzan a una calle movida, no sólo usaré la autoridad sino también la coerción física para detenerlos. El acto debería desafiarse, pero pienso que éste puede lograrse rápidamente. Y hay otros casos; la vida es un asunto complejo, entendemos muy poco sobre los humanos y la sociedad; y las grandes declaraciones son generalmente más una fuente de daño que de beneficio. Pero la perspectiva es válida, pienso, y puede conducirnos muy lejos.

Noam Chomsky. Sobre anarquismo, marximo y esperanzas para el futuro. Entrevista completa aquí

Chomsky, por Astrud:

Macedonia de citas

“Cuando uno se escucha, lo que se oye no es literatura.” Beckett

“La escritura me ha llevado al silencio. Sin embargo tengo que continuar… Estoy frente a un acantilado y tengo que seguir adelante. Es imposible, verdad. Sin embargo, se puede avanzar. Ganar unos cuantos miserables milímetros… “ Beckett nuevamente.

Creo que lo sagrado crece en el secreto. Los arúspices buscaban el sentido de la existencia, la fuente de las decisiones, la explicación del misterio en las entrañas de animales. Siempre hemos buscado desentrañar la realidad, como si fuera un animal muerto. Pero es mejor callar, porque siempre habrá más verdad en un silencio que en una palabra, cualquiera. El oficio del hombre es la mentira, la palabra su enfermedad.

Nuestro sistema moral es fruto de nuestra configuración cerebral. En un momento dado constituyó una ventaja evolutiva velar por la protección de nuestros congéneres es decir, de aquellos que compartían genes con nosotros. De ahí surgió todo nuestro sistema legal, nuestra civilización, nuestra cultura. Las religiones.

“Así como las oraciones de los hombres son una enfermedad de su voluntad, su fe es una enfermedad del intelecto”. Emerson.

Según Oliver Sacks (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Ed. Anagrama), es muy posible que Proust padeciese de hipermnesia, la enfermedad que aquejaba a Funes, el personaje de Borges que no podía olvidar nada. En busca del olvido viajaban algunos personajes de Tokyo ya no nos quiere, la novela de Loriga.

Cuenta Bloom que Proust y Joyce se encontraron un dia en presencia de Picasso y Stravinski, y que los escritores casi no hablaron más que de achaques. Estoy seguro de que el pintor y el músico se dedicaron a cosas más interesantes.

El silencio de un músico es mayor y más profundo que el silencio de un escritor.

No somos más que los huéspedes de un parásito llamado mitocondria, el cual vive en nuestras células desde hace más de 3.500 millones de años.

“(Beckett) Me habla de Joyce, de Proust, de que ambos pretendían crear una totalidad y transmitirla en su infinita riqueza. No hay más que examinar, observa, sus manuscritos o las pruebas que han corregido. Nunca acababan de añadir y de volver a añadir. Él actúa de otra manera, hacia la nada, comprimiendo sus textos cada vez más.“ Charles Juliet. Beckett, el inconsolable. Ed. Siruela.

“Piensa que su ensayo sobre Proust es pedante y se opone a que se traduzca al francés.” Charles Juliet. Beckett, el inconsolable. Ed. Siruela.

“El asunto en cuestión no es la memoria, involuntaria o no, sino la ceguera que necesitamos desesperadamente si queremos continuar –y cuando vemos, nos preguntamos si nosotros somos merecedores de seguir adelante-. Una vez más, Proust no es un moralista, no es Cristo ni Buda; no ha venido a enseñarnos a vivir o cómo ser más amables con aquellos que amamos cuando aún están aquí”. Harold Bloom. Genios. Ed. Anagrama.

La moral debería ser eviscerada en la plaza para que los hombres pudieran comprobar que está hecha de tripa, sangre y heces, como todos nosotros. El hombre solo puede buscar a dios en su interior porque todo dios es una creación humana. Cualquier otra perspectiva acerca de esta cuestión está fuera de toda discusión intelectual. Dios existe del mismo modo que existe Hamlet. No más; tampoco menos.

El transcurso del tiempo no existe desde el punto de vista de la física. Ha sido demostrado que el tiempo es una dimensión en la que solo somos capaces de movernos hacia delante. Aunque la física teórica se parece cada vez más al constructo mental de un paranoico en el que todo encaja. Se busca la teoría unificada capaz de explicarlo todo. Y cuando uno busca explicaciones, no cabe la menor duda de que las hallará. Sean supercuerdas, branas o multiversos. Todo está dentro de nuestro cerebro de mono neurótico.

“Al ser tocada por lo verdaderamente sublime, el alma se exalta naturalmente, se eleva hasta la orgullosa altura, se llena de júbilo y jactancia, como si ella misma hubiese creado esta cosa que ha oído.” Longino, citado por Bloom en Genios.

“Si el genio es el Dios interior, es allí donde debo buscarlo, en el abismo del yo aborigen, una entidad desconocida para casi todos nuestros actuales explicadores, habitantes de esos desiertos intelectuales que son las universidades o de los tenebrosos y diabólicos molinos que son los medios de comunicación” Harold Bloom. Genios. Ed. Anagrama.

Prometeo fue encadenado a una roca en el Cáucaso por llevar el fuego a los hombres. Allí un ave enviada por los dioses se comía sus entrañas cada dia, que volvían a crecer por la noche. El ángel de la Biblia que tentó a los hombres había sido el predilecto de su padre antes de la caída y Lucifer significa “el que trae la luz”. Todas las tradiciones cuentan diferentes versiones de esta historia, la cual nos sirve de patrón para la interpretación de muchas facetas de la realidad.

Llevamos toda nuestra corta existencia como especie contándonos la misma historia una y otra vez. Y, lo que es más gracioso: discutiendo (luchando, matando, eviscerando, emasculando) por saber qué versión de la historia es más cierta. Y es un cuento bien simple que se limita a reflejar nuestro demonio interior, nuestra certeza de ascendencia y caida, reflejo del ciclo de los dias y las noches, y las estaciones, y el declinar en fin de toda existencia.

Pero tenemos esta maldita manía de buscar explicaciones. Nuestra perdición. Hemos perdido toda posibilidad de trascender a causa de las respuestas. Demasiadas respuestas y cada vez menos preguntas.

En realidad, no deberíamos hacernos preguntas. Deberíamos aprender a callar y escucharnos. Lo que se oye ahí dentro no es literatura, qué duda cabe, pero tal vez sea lo más cercano a una verdad que podamos hallar nunca.

El águila enviada por los dioses del Olimpo para devorar las entrañas de Prometeo aprendió un secreto. Y ese secreto permanece sagrado gracias al silencio del ave.

Leonardo Padura y el cansancio histórico

“Éste es un país condenado a la desproporción. El mismo Cristóbal Colón fue el que empezó a joderlo todo, cuando dijo eso de que ésta era la tierra más hermosa y todo lo que le cuelga. Entonces tuvimos la suerte geográfica, histórica, de estar donde estuvimos en el momento en que estuvimos y la dicha o la desgracia de ser como somos, y ya ven, hasta hubo una época en la que podíamos producir más riquezas de las que necesitaba esta isla y nos creíamos ricos. Si eso fuera poco, hemos producido más genios de los que nos correspondían por habitantes y metros cuadrados, y nos creímos mejores, más inteligentes, más fuertes… Esa desproporción es también nuestra mayor condena: nos puso en el medio de la historia. Acuérdense de que Martí quería equilibrar el mundo desde aquí, todo el mundo, el mundo entero, como si tuviera en sus manos la cabrona palanca que pedía Arquímedes. Como resultado de eso es que somos tan históricos y, además, no sólo nos creemos los mejores, sino que a veces hasta lo somos. Y ahí están las consecuencias… Sentido histórico y mala memoria, indolencia y predestinación, grandeza y levedad, idealismo y pragmatismo, como para equilibrar la carga con virtudes y defectos ¿no? Pero al final de todo llega el cansancio. El cansancio de ser tan históricos y predestinados.”

Lo dejó escrito Leonardo Padura en “La neblina del ayer” pero yo creo que, con muy pocos cambios, puede valer para muchos países. Por ejemplo, España.