Coleria

Mata rizomática, furiosa y estocástica, la Coleria brota a puñetazos amparada siempre por las sombras leñosas de diversos árboles, de cuya oscuridad parece alimentarse. Insoportablemente vivaz, se la ha encontrado al pie de antiguos Juiciosos, Noblios imperecederos e, incluso, enroscada en torno al tronco y las ramas de purísimos Idealios, cuyos corazones torna en palpitantes virutas ofuscadas.

De tallo blando y espinoso, se ha observado, sin embargo, que puede llegar a quebrar piedras por medio de un proceso de infiltración explosivo, basado en su capacidad para dilatar sus raíces ponzoñosas una vez introducidas a través de la menor grieta mineral. Debemos su descubrimiento al capitán Justo Pachón, primer y último visitante del planeta Furyo, en aquella maldita expedición de la que la humanidad no ha podido borrar el acre recuerdo. Entre sus registros se halló la prolija descripción de la Coleria en la que se basa esta nota. No podemos resistirnos a la tentación de transcribir de forma literal algunas de sus palabras, quizás las más poéticas y, por ello, probablemente las menos veraces:

“Uno de mis hombres rozó accidentalmente las espinas de este arbusto y fue asaltado, de pronto, por una rabia feroz. De sus pupilas parecía brotar el color rojo y su mirada avergonzaba a sus compañeros, a los que dirigió los más amargos reproches, los cuales, por desgracia, no carecían de fundamento.”

En otra página habla de la capacidad de la Coleria para inducir la licuefacción mineral diciendo que “de esta planta es conocida su capacidad para hacer llorar a las piedras, por lo que los miembros de mi expedición han decidido elaborar con sus raíces una infusión que utilizan como precursora en las labores de minería”. Por desgracia, no da más detalles acerca de esta utilización y los experimentos realizados en la Tierra a partir de las muestras recibidas solo han servido para generar rabiosas confusiones.

En las páginas finales de su cuaderno de bitácora, preñadas de la amarga confusión que precedió a la catástrofe, habla de la “violenta floración de la Coleria” y, más allá, del “arrepentido llanto floral que derritió montañas”, pero es imposible saber si estas palabras se refieren a un hecho real o son tan solo producto del caos en que se sumieron los últimos días de su misión. Lo que sí parece quedar claro es que “el color de las flores de Coleria es sombrío”, sin que podamos saber bien qué quiso decir con esto, ya que aún no se ha logrado hacerla florecer en los laboratorios de la Tierra.

No podemos dejar de referir aquí las últimas palabras que dejó escritas el célebre capitán, aunque es nuestra obligación señalar que, debido tanto a los incidentes que rodearon el final de su expedición como a la creciente tendencia al lirismo que muestran los apuntes de las últimas jornadas, es imposible decidir si sus palabras se refieren a la Coleria o a la incomprensible sublevación que acabó con su vida, rebelión absurda de seres que, en otras circunstancias, habrían dado su alma por él, de haber tenido una:

“Su fruto es amargo en la boca de los justos y dulce para los pusilánimes.”

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3 pensamientos en “Coleria

  1. Muchos valoramos la Tesonia por sus efectos pero resulta esquiva a nuestros sentidos.
    ¿Escribirás acerca de ella en alguna ocasión?

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