Pequeño poema eléctrico

Eres una cosa salvaje, una señora zorra
y vas por ahí como un canto rodante
bajo la lluvia púrpura.

Quiéreme toda la noche.

Jimi en Monterrey me enseñó cómo tocarte:
sucia, metálica, caliente,
como si estuvieras atada a una valla de alambre.

Quiéreme toda la noche.

El ritmo es la base de todo, me dijo,
pero recuerda que el ritmo no existe sin silencio
nada suena si no sabes parar el tiempo.

Quiéreme toda la noche.

Dale fuerte, me dijo Jimi, a ella le gusta.
Puedes arañarla, morderla, meter su cabeza entre tus piernas, (oh, sí, eso le encanta)
pero no te olvides de acariciarla de vez en cuando.

Quiéreme toda la noche.

Usa tus dedos, tu lengua, tu polla y tus caderas,
y entonces oirás tu nombre arder en el viento,
pero, escucha, tienes que estar dispuesto a morir por ella.

Quiéreme toda la noche.

Sólo si la amas de verdad podrás tenerla
atada a tu espalda, envuelta en llamas,
sólo si estás dispuesto a perderla.

Fóllame toda la noche.

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2 pensamientos en “Pequeño poema eléctrico

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